Hay una tendencia a tratar a los demás como miembros de un grupo y no como personas individuales. Mediante los procesos de atribución tratamos de buscar explicaciones causales para la conducta del prójimo. Dichas atribuciones distan mucho de ser perfectas y son susceptibles a numerosos sesgos.
Uno de estos sesgos, el llamado error último de atribución es típico de las relaciones entre grupos y nos dice que solemos atribuir causas externas al éxito de los demás (suerte o ayuda por ejemplo) e internas al nuestro (compentencia o esfuerzo) mientras que a la inversa, atribuimos causas internas al fracaso de los demás (incompetencia...) y externas al nuestro (mala suerte, envidia).
Esta asimetría es tan fuerte que llega a plasmarse incluso en el lenguaje. Las conductas negativas del exogrupo se suelen codificar de manera abstracta (porque se consideran más resistentes al cambio y estables) y las del endogrupo de manera concreta (más susceptibles de una explicación situacional o circunstancial y proclives al cambio). Un ejemplo es cuando ante un comportamiento agresivo de un miembro del exogrupo decimos de él que "es una persona agresiva" (abstracto) mientras que el mismo comportamiento realizado por un miembro del endogrupo se comunica de manera concreta: "ha dado un puñetazo" (concreto).
Los comportamientos positivos se comunican en términos abstractos cuando los realiza un miembro de nuestro grupo (decimos de alguien que "es una persona educada") mientras que el mismo comportamiento realizado por un miembro del exogrupo se comunica en términos concretos ("hoy ha dado los buenos días").
No cambian las cosas si yo voy o vengo, no mueren las rosas en un solo momento; se tarda un suspiro, un suspiro lento, que flota en el aire y seduce al poeta; un suspiro lento, que sale del alma y ya nunca regresa.
lunes, 15 de octubre de 2012
La fe que me falta
Tienes la fe que me falta y la luz que me huye,
iluminas con ella mi camino, a veces perdido en la bruma.
Con el encanto de los locos y la sabiduría de los niños,
así me encontraste un día, al pie de la colina.
Con hilos invisibles tiraste de mí y juntos alcanzamos la cumbre.
No se si gritabas, es posible que sí,
seguro que yo no te escuchaba.
Pero eres la luz de mi sombra, la fe que me falta, el aliento de mi voz callada.
iluminas con ella mi camino, a veces perdido en la bruma.
Con el encanto de los locos y la sabiduría de los niños,
así me encontraste un día, al pie de la colina.
Con hilos invisibles tiraste de mí y juntos alcanzamos la cumbre.
No se si gritabas, es posible que sí,
seguro que yo no te escuchaba.
Pero eres la luz de mi sombra, la fe que me falta, el aliento de mi voz callada.
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